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27.6.09

Lo plural del sí


Prevalecen los inciertos abiertos de par en par, las fluctuaciones estadísticas, los casos no resueltos (como tal vez, como espero, todavía). Con tu andar detectivesco planteas interrogantes con la boca sellada que me llegan elevados a la enésima palpitación arrítmica que soy capaz de soportar antes del KO.

Al perder la consciencia, la vida sale de sus raíles y deambula delante de mis ojos (esta insana costumbre de entreverse ocurre casi a diario) y sólo entonces me siento a salvo, frente a los despojos de la batalla, porque soy capaz de dirigir a mi antojo la sucesión de hechos que no ocurrieron.

Arrastro esta inacabable transformación de la irrealidad como el castigo que merezco por no conformarme con una única dirección en la respuesta.

21.5.09

Borroso


Las letras se juntan sobre el papel. Mire a donde mire, borroso, no consigo percibir la cicatriz que bordea cada palabra, su trazo significante. Todo frente a mí es el penúltimo vacío que precede, ululante, a la convicción, nunca suficientemente firme, de estar procesando la vida de forma precisa.

Las letras se solapan, se abarullan, tratando de ganar una invisibilidad que no consiguen a costa de superponerse a sus aleatorias compañeras de palabra. El deslinde entre unas y otras es confuso, inexistente, y todo termina por ser una misma cosa: un enjambre de líneas y curvas intraducibles que cubren las hojas del libro.

No estoy segura de cuántas horas llevo así, mirando sin hallar una sola pista de lo que ayer dejé cuando cerré este libro. Pasó de repente, demasiado rápido; paralizada por el miedo, soy incapaz de desviar la vista fuera de los márgenes del papel por temor a encontrar del mismo modo la realidad desdibujada.

Tal vez la mente sea un almacén finito de mentiras; tal vez haya llegado al máximo de verdades que puedo digerir...

16.3.09

Yin yang


Tengo los labios secos y llagados de lamer la parte oscura de mi alma. Como un cachorro que ve, al fondo, el reflejo de la luz y le parece un hueso, y bebe y bebe el agua infinita hasta morir ahogado y hambriento, veo el punto blanco en algún lugar de lo posible.

No sé si llegará mi fuerza para entender la manera de alcanzarlo y extenderlo sobre el suelo como un mantel para que sea claridad todo lo que me rodee, y yo sólo un punto negro desde el cielo.

9.3.09

Y así nos va.

Cuidado con el perro -
Prohibido pisar el césped -
No tocar.

Carteles como conciencia extendida cuyo objetivo último fuese perdurar allí donde nos imaginamos libres, en los extramuros de nuestro propio yo, florecen y se enquistan a las raíces de lo simple y lo perecedero.

Cuanto más, me digo, no debieran sobrevenirnos algunas situaciones prendidas de un pasquín similar: Cuidado con el desequilibrio - Prohibido perder los nervios - No imaginar. Pero no, ni mucho menos hallamos una flor de pasta al colocar el primer pie en el trapecio, nada nos pone sobre aviso de la aviesa inclinación que tirará de nosotros hacia el oscuro báratro sin que apenas hayamos acostumbrado nuestra vista a la luz focal de la estancia.

Hay una abertura y fluimos por entre sus límites, cándidos, creyéndonos portadores de un brebaje mágico que, en proporción igual a la sangre, recorre nuestro organismo dotándonos de inmunidad.

Tal vez un distintivo a las puertas del momento, un estandarte de imborrables colores colocado justo antes, nos permitiera, si no evitar el trance, sí acudir a la insoslayable batalla provistos de alguna predisposición singular que, por aparatosa, siempre sacamos del bolso en el último momento para dejar sitio al set de maquillaje.

¡Bah!, todas estas nimias figuraciones mías tienen el final en su principio: ¿acaso hacemos algún caso de los preavisos?: para hacer del fuego realidad tenemos primero que quemarnos. Y así nos va.

22.12.08

EN VENTA


Da comienzo la Subasta.

Al mejor postor levanta el vuelo
el arco moribundo de la Catedral.
Por él pasaron
el tiempo y los relojes,
esquela en busca del silencio
que la complete;
ya nadie Cree
porque es invisible el muro
bajo el que caemos.

Un único ojo ciego nos advierte del peligro:
la llave
permanece inmóvil en la cerradura.
Hay quien intenta
encontrar de nuevo las mohosas piedras
o alcanzar el otro lado del espejo. Van a tientas...

Nunca existió el abracadabra para los ojos abiertos.

16.12.08

Nudos


Estoy sentada en el suelo. A mis pies tengo tres sogas. Se extienden a través de todo lo que fue, es y será. Si alargo las manos puedo palpar, a su vez, tres nudos, uno en cada soga, justo al borde de mi alcance. La negra espesura gobierna el curso de las cuerdas.

Puedo escoger una soga, asirla con fuerza y dejarme guiar, por ella, a través...

O puedo estirar mis manos, desatar los tres nudos, dar la vuelta y marchar al extremo opuesto.

24.8.08

pequeño movimiento


Me hipnotizan los detalles móviles:
las olas del mar, el palpitar
invisible de las estrellas
o los gorriones que, a primera hora de la mañana,
invaden la parcela de cielo
que me pertenece
con su ir y venir frenético y coordinado.

Así quedo, atada y amordazada,
por una imagen
en pequeño movimiento.

Desaparece el resto del mundo
y las cosas que (según he oído comentar)
le dan importancia.

Tarde o temprano, lo sé,
no podré desprenderme de una de esas contemplaciones
y quedaré atrapada por su palpitar transparente.
Mis ojos serán tan sólo
el reflejo inmóvil de la espuma,
la energía inexistente a millones de años luz,
o el batir de alas bajo la porción de cielo
que deja entrever mi ventana.

Entonces, que nadie intente en vano regresarme.
Entonces.

15.4.08

MAR


Necesito el Mar.

Mojarme los pies, cerrar las huellas de la orilla con las mías, llenarme de sol, buscar entre las conchas y las piedritas un talismán mágico para mi colección, la cadencia de las olas, su lenguaje..., la tibieza de la arena al cobijar mis pies, hundirme en el silencio y disfrutarlo, lo profundo, lo inexplorado, las preguntas sin respuesta, tan pasado que no tiene ni tiempo, perder la prisa...

Acudo a él como a un refugio, a encontrarme perdiéndome; en ningún lugar como en él me tengo tan cerca.

Necesito el Mar.
Por eso temo que llegue el verano y me lo arrebate.

9.4.08

Revés


He caído en la cuenta
como caen las gotas de esta lluvia
rompiéndose contra la superficie de mis manos.

No hallo umbral que me contenga
ni muro capaz de sostener esta embestida.

No hallo espacio suficiente
y mantengo una búsqueda
que es como romperme las manos contra las gotas de lluvia.

Tal vez me cuelgue a secar vuelta del revés
con las costuras al agua, vértice de lo que intuyo,
para encontrarme, por fin, el rastro.

Tal vez regale el aire que he alquilado
en este nacer de nuevo cada día
y así sustituir el orden de mis huesos.

Que sea mi esqueleto el que salude con su sonrisa eterna;
mis ojos hacia dentro,
que es como desenterrar con las manos la propia raíz
y sacar la cicatriz a la ventana.
Escuchar la murmuración
del que sacaba a pasear al perro en ese instante, del que
comía pipas sentado en un banco, del que ansiaba la verdad de las farolas.

He caído en la cuenta.
Tal vez
sea el momento de mentar a los nombres por sus cosas.

31.3.08

Espejismos

Creí que era yo, que me pertenecía… pero sólo era el reflejo de los otros en mi cuerpo. Sus cicatrices, sus blasfemias, su calamidad, sus lazos y nudos vueltos de espaldas, hipnotizándome….

Se apoderó de mí un instante el recuerdo de lo que no había ocurrido, la nostalgia doliente y ácida de lo que sería si… la imagen rotunda de todo aquello que yo sería capaz de construir con aquellas piezas. Las barajaba y mezclaba, las unía y ataba y pulía y cosía hasta formar un puzzle realmente apetecible. Tal vez sea cierto que estoy hambrienta.

Una lágrima después, un instante, y todo empezó a completarse. El círculo avanzaba hacia sí mismo como una víbora lánguida y el hechizo se desdibujó en la arena árida del presente. De un zarpazo di la vuelta a los espejos que me rodeaban, y fue mi imagen la que se lanzó a la carrera hacia todos los infinitos. Y era yo la que pertenecía a los otros, hipnotizándoles…


Imagen: Alberto Molina


“Estoy satisfecho con lo que tengo: un techo, un hogar, una mesa, los libros, un jardín, los animales que viven conmigo, un plato de sopa caliente todos los días y la fantasía, que jamás me abandona.
Dentro de los límites de mis modestas posibilidades, yo también me siento digno de estar en el mundo, igual que los árboles, las flores, las estrellas, y descubro que dentro de cada uno de nosotros existe un jardín donde se pueden encontrar muchas respuestas: basta con saber buscar. (...)
Debes ser feliz; siempre: cuando la lluvia cae sobre el gran pinar, cuando la escarcha dibuja bordados en los prados, cuando el viento barre las hojas amarillentas del jardín.”

La cabaña encantada - Romano Battaglia




21.1.08

Pequeña eternidad

Vivo en una eternidad diaria, ensayada para ser lo que un día sería si… La vivo dulce e imperiosamente porque desconozco el momento de doblar la siguiente esquina. Vivo mi pequeña eternidad y sus matices cargados de aparentes sentidos, y ubico mis necesidades a su paso tratando de no perderme entre el desierto que delimitan sus orillas.

Le caliento café por las mañanas mientras contemplo, a través de sus entumecidos iris por el sueño, la próxima armonía; nada en ella es real y nada falso. Existe como intento existir a bocanadas de este aire alquilado por un tiempo que tanto tiene de tal vez como de espera. Barro sus esquinas, pulimentando a ciegas las recónditas oscuridades que esconden unos pétalos reacios a abrirse. La veo alejarse en su quehacer diario y continuo absorta en ella, tragando el uno a uno de sus cuentas. Acurrucada a su lado, protegida del frío, levanto amarras para consolarme de las mitades de toda la historia.

Y ahí acaba todo, cuando Morfeo hace acto de presencia, se cierran todas las ventanas y se sellan las puertas; mi pequeña eternidad se abraza a sí misma y completa todo lo que es aunque de miedo. Invade el tiempo. Un destello. Se apaga.

Ignoro a conciencia y fuego el resto de las cosas permanentes o vivas. Respiro una eternidad diaria.

10.8.07

¿Estamos creciendo?

Me pregunto hacia dónde, cómo será la piel, la carne y el latir evolucionado; si metamorfoseará el delinquirnos mientras caminamos, sorteando obstáculos, fingiendo que aprehendemos la esencia de lo que imaginamos ser en algún momento, ya lejano, y que, intuimos es, desde entonces, hacia donde necesitamos dirigirnos. Si permanecerá la huella o se difuminará cuando nos alejemos lo suficiente; si estamos solos, esparciendo miguitas de pan a un gran vacío en el que nos esforzamos en proyectar señales de humo.

Y aunque me va gustando el horizonte que se abre con la recién estrenadita estatura en cada momento, siempre me queda el miedo de olvidarme. Algo me dice que no es el caso, que estoy creciendo para dentro, como se debe, de la única manera en que se puede conseguir algo de paz intermitente en medio de todas las preguntas que nos arrebatan y nos tiemblan los cimientos a los que creemos poder aferrarnos.