Creí que era yo, que me pertenecía… pero sólo era el reflejo de los otros en mi cuerpo. Sus cicatrices, sus blasfemias, su calamidad, sus lazos y nudos vueltos de espaldas, hipnotizándome….
Imagen: Alberto Molina
“Estoy satisfecho con lo que tengo: un techo, un hogar, una mesa, los libros, un jardín, los animales que viven conmigo, un plato de sopa caliente todos los días y la fantasía, que jamás me abandona.
Dentro de los límites de mis modestas posibilidades, yo también me siento digno de estar en el mundo, igual que los árboles, las flores, las estrellas, y descubro que dentro de cada uno de nosotros existe un jardín donde se pueden encontrar muchas respuestas: basta con saber buscar. (...)
Debes ser feliz; siempre: cuando la lluvia cae sobre el gran pinar, cuando la escarcha dibuja bordados en los prados, cuando el viento barre las hojas amarillentas del jardín.”



