Creí que era yo, que me pertenecía… pero sólo era el reflejo de los otros en mi cuerpo. Sus cicatrices, sus blasfemias, su calamidad, sus lazos y nudos vueltos de espaldas, hipnotizándome….
Se apoderó de mí un instante el recuerdo de lo que no había ocurrido, la nostalgia doliente y ácida de lo que sería si… la imagen rotunda de todo aquello que yo sería capaz de construir con aquellas piezas. Las barajaba y mezclaba, las unía y ataba y pulía y cosía hasta formar un puzzle realmente apetecible. Tal vez sea cierto que estoy hambrienta.
Una lágrima después, un instante, y todo empezó a completarse. El círculo avanzaba hacia sí mismo como una víbora lánguida y el hechizo se desdibujó en la arena árida del presente. De un zarpazo di la vuelta a los espejos que me rodeaban, y fue mi imagen la que se lanzó a la carrera hacia todos los infinitos. Y era yo la que pertenecía a los otros, hipnotizándoles…

Imagen: Alberto Molina
“Estoy satisfecho con lo que tengo: un techo, un hogar, una mesa, los libros, un jardín, los animales que viven conmigo, un plato de sopa caliente todos los días y la fantasía, que jamás me abandona.
Dentro de los límites de mis modestas posibilidades, yo también me siento digno de estar en el mundo, igual que los árboles, las flores, las estrellas, y descubro que dentro de cada uno de nosotros existe un jardín donde se pueden encontrar muchas respuestas: basta con saber buscar. (...)
Debes ser feliz; siempre: cuando la lluvia cae sobre el gran pinar, cuando la escarcha dibuja bordados en los prados, cuando el viento barre las hojas amarillentas del jardín.”
La cabaña encantada - Romano Battaglia
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