21.8.09

Looking for sense



Perdida en mi propia teoría. Somos fuertes sólo cuando los hechos nos dan la razón.
La valentía está en lograr demostrar que, aunque no siempre aciertes, estás en lo cierto.
No siempre nos conviene la respuesta pero no dejamos de interrogarnos una y otra vez (quizás por toda respuesta buscamos la calma de saber que podemos ignorar impunemente las respuestas que no nos convengan).

No puedo cerrar los ojos sin sentir que todo lo que necesito saber está ante mis ojos, y no lo veo. No lo veo. No porque tenga los ojos cerrados, sino porque no tengo ojos. Esta vez no. Me fuerzo a mirar con la boca o con las manos, arañar una parte de la visión que permanece en mi retina una vez que se desvanece la luz de los fuegos artificiales.

Si todo tiene sentido, necesito encontrar el de esto.
Si todo no tiene sentido, estaré perdida en mi propia teoría…

17.8.09

Antagonia



El rayo trae la tormenta y la luz.

Y el silencio,
que precede y que sigue,

también lo trae el rayo...

29.6.09

Mientras viva



Mi alma vive en la nevera
entre una lechuga, cuatro yogures y las sobras
de la cena de ayer.
El frío la mantiene lo suficientemente lejos
de los rudimentos de la existencia: el miedo, el dolor y la muerte,
y es sarcástico el modo en que vence los obstáculos
eligiendo siempre un menú que no la incluya.
Hoy cocino yo – comenta mi alma;
y hace salir dos huevos, queso y tomates
para una ensalada narcótica
que no muestre signos de debilidad.
Tres grados por debajo de lo recomendable,
mi alma observa el mundo desde lo alto de una lata de cerveza,
hasta que un buen día, como otro cualquiera,
la noticia se extiende desde los cajones de la verdura
hasta el cartón de leche desnatada:
demasiado tarde. El menú de hoy contiene
puré de alma.

27.6.09

Lo plural del sí


Prevalecen los inciertos abiertos de par en par, las fluctuaciones estadísticas, los casos no resueltos (como tal vez, como espero, todavía). Con tu andar detectivesco planteas interrogantes con la boca sellada que me llegan elevados a la enésima palpitación arrítmica que soy capaz de soportar antes del KO.

Al perder la consciencia, la vida sale de sus raíles y deambula delante de mis ojos (esta insana costumbre de entreverse ocurre casi a diario) y sólo entonces me siento a salvo, frente a los despojos de la batalla, porque soy capaz de dirigir a mi antojo la sucesión de hechos que no ocurrieron.

Arrastro esta inacabable transformación de la irrealidad como el castigo que merezco por no conformarme con una única dirección en la respuesta.

20.6.09

Entropía



En la etiqueta, además del precio y la talla, se lee "caos". -una nueva marca, supongo-. Pero es la única prenda que responde a este título (sobrescrito a un made in inteligible, a mano, con tinta azul) en toda la tienda. Lo he comprobado, entre otras cosas, porque el aire acondicionado y el ambientador de fresa del establecimiento me invitaban a retrasar mi salida al mundo real.

Curiosamente, es la única prenda que parece bien colocada. -¿la excepción que confirma la regla?, me digo; o tal vez el íntimo orden del desorden. Todos nos movemos bajo el peso de una o varias etiquetas con sus palabras manuscritas en azul, y el resto de cosas no existiría tal y como las conocemos en ausencia de ese lastre vivificador-.

Alguien toma la prenda y tras probársela por encima de la ropa se encamina con ella hasta la caja. -Mierda, mierda... Jodido loco, ¿qué cree que está haciendo?-. Definitivamente, la ha comprado, que el cielo le ayude...

Saco un bolígrafo azul de mi bolso y tras alisar, colocar en una percha y colgar una chaqueta vaquera con toda la precisión de que soy capaz en una de las repisas centrales, saco la etiqueta y dibujo 'caos' sobre ella para mantener el sistema perfectamente desordenado.

21.5.09

Borroso


Las letras se juntan sobre el papel. Mire a donde mire, borroso, no consigo percibir la cicatriz que bordea cada palabra, su trazo significante. Todo frente a mí es el penúltimo vacío que precede, ululante, a la convicción, nunca suficientemente firme, de estar procesando la vida de forma precisa.

Las letras se solapan, se abarullan, tratando de ganar una invisibilidad que no consiguen a costa de superponerse a sus aleatorias compañeras de palabra. El deslinde entre unas y otras es confuso, inexistente, y todo termina por ser una misma cosa: un enjambre de líneas y curvas intraducibles que cubren las hojas del libro.

No estoy segura de cuántas horas llevo así, mirando sin hallar una sola pista de lo que ayer dejé cuando cerré este libro. Pasó de repente, demasiado rápido; paralizada por el miedo, soy incapaz de desviar la vista fuera de los márgenes del papel por temor a encontrar del mismo modo la realidad desdibujada.

Tal vez la mente sea un almacén finito de mentiras; tal vez haya llegado al máximo de verdades que puedo digerir...

9.5.09

Questionlandia




Desde el otro lado de la acera se podía observar el interior del local a través de la cristalera que separaba a los clientes del resto del mundo. En una de las mesas pegadas al cristal (esas que utilizaban aquellos que necesitaban sentirse lejos y, al mismo tiempo, constantemente en contacto con la realidad), ella se movía inquieta. Esperaba a alguien pero tenía tanta urgencia que desahogaba sus angustias con el vaso de café, ya frío.


- Es lo peor que podía haber pasado, la peor noticia. Es una catástrofe…

No había sido famosa por este miedo que ahora escapaba hasta caer, directo, sobre el café: ella jamás había conocido esa palabra. Sin embargo, su currículo estaba lleno de títulos y galardones con una temática común: la duda. Había dedicado los mejores años de su vida a estudiarla y a manejarla a su antojo, a extraerle la esencia y aprovecharla en beneficio propio y el de sus compatriotas, que siempre acudían a ella buscando consejo y asesoramiento.

Ahora, amarillenta y sin brillo, su contorno se desdibujaba y caía, semiderretido, sobre la mesa y la silla, como los relojes de Dalí. Al observarla desde el otro lado de la cristalera, era complicado reconocer las formas firmes y redondeadas de otro tiempo, sus curvas definidas, y ese punto bajo, tan armonioso, que había sido el referente a seguir en todo el país.

- Es el fin del mundo...

Sobre la mesa, una revista anunciaba en portada:
Caen en picado los índices de indecisión. El mercado se tambalea. En La Tierra parecen haber encontrado una manera de creer en sí mismos.